Sesión
martes 30 de Setiembre
Integrantes:
Jamie
Acuña
Randy
Alvares
Marta
Azofeifa
Mariel
Quesada
Derecho
Animal: Un asunto de la ética humana.
A través del curso de Educación y Derechos Humanos, se
han abordado las distintas Generaciones de Derechos Humanos en las que se han
declarado los mismos mediante un proceso histórico que revela las distintas
luchas y movimientos sociales que hacen reconocerlos como básicos en nuestra
sociedad. Se ha dejado claro que la división solo debería ser didáctica para
establecer su particularidad histórica y pedagógica pero que en la práctica no
den ser divisibles.
A partir de la Cuarta Generación (Los Derechos de la
Naturaleza) encontramos distintos obstáculos y tropiezos, que no han permitido
su legítima existencia, los cuales, distintos países, entre ellos los más
poderosos dentro de la elite mundial, se rehúsan a ser parte de los distintos
Convenios por razones de intereses económicos o mercantiles. E el caso de la
cuarta generación vimos que se vuelve casi imposible reducir, al menos en la
práctica, las emisiones carbónicas dado el rédito que produce la industria petrolera.
La aclamada Quinta generación de Derechos hace referencia
al Derecho Animal, el cual hace pie históricamente desde el siglo Vl a.C con el
filósofo y matemático griego Pitágoras, el cual practicaba el vegetarianismo
(dieta alimenticia que no incluye ninguna carne animal), sin embargo, estas
ideas mantenían una doctrina antro-pocentrista (la cual defiende los intereses
de bienestar y morales del ser humano por encima de cualquier otra especie o
cosa) , ya que según la filosofía de Pitágoras desde lo que se decía en el orfismo el alma se reencarna en humanos
o animales, hasta liberarlas de los cuerpos, consiguiendo así un estado de
purificación de las mismas, por tanto no era aceptado derramar sangre humana ni
animal.
Posteriormente, trazando la línea de la lucha occidental
por los Derechos Animales, nos situamos en la Edad Moderna, y nos remontamos a
mediados del siglo XVll, donde se establecen las primeras leyes de protección
animal en Irlanda, y al mismo tiempo ingleses como Nathaniel Ward (pastor
puritano de la época) hablaban del trato digno y responsable de quienes
“poseían” algún animal. Ward, establece el primer código de leyes por el
derecho de animales domésticos en Inglaterra, tras escribir “El cuerpo de
Libertades” (1634). Sin embargo debido a discusiones de carácter religioso
entre los puritanos y la “expansión” de la religión anglicana, fue
deslegitimada la declaración de dichas leyes por la iglesia católica.
Para 1811 se presenta un pesado proyecto de ley por el
filósofo inglés Jeremy Bentham, el cual se fundamentaba en el hecho de que sin
importar que los demás animales razonaran o no como los humanos (eso era
irrelevante), lo que verdaderamente importante es que poseen la capacidad de sufrir
y percibir el peligro al cual le temen y le huyen por su deseo de preservar sus
vidas, como lo hace también la especie humana. Dicho proyecto fue rechazado, sin
embargo al hilo de dicha propuesta el parlamentario inglés Richard Martin logra
establecer la primer ley en el mundo de protección animal, la cual defendía de cualquier
mal trato hacia caballos, ganado y ovejas, expandiéndose dicha protección para
1835, la cual protegía cualquier animal doméstico.
Durante el siglo XX nacen distintos centros de protección
animal. Para la década de los ‘70 el
psicólogo inglés Richard D. Ryder utiliza por primera vez el término “speciecism”
o especismo, el cual es definido por el filósofo Peter Singer en su libro “Liberación
Animal” (1999) como:
“un
prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de
nuestra propia especie y en contra de las otras”
Sin duda alguna, las violaciones a la propia dignidad
animal y derecho a la vida, se ha fundamentado desde la superioridad del ser
humano sobre las demás especies animales y vegetales, cumpliendo su requerido
“bienestar” como raza. Siendo así prudente, que estas formas de dominación y
maltrato se marcan específicamente en sociedades occidentales u
occidentalizadas, que interponen su “progreso” sobre el irrespeto a las demás
formas de vida del planeta.
El filósofo José Ferrater Mora, hace la comparación entre
especismo y racismo, afirmando que suponen lo mismo, en donde la única
diferencia es que el especismo es la discriminación y violencia contra los
derechos de otras especies, mientras que el racismo es dentro de la misma. Lo
cual es una analogía coherente, simple y explicita, demostrando que el ser
humano ha caído en un proceso histórico cargado de individualismo, irracionalidad
y des-apego del sufrimiento externo a él mismo.
Para 1977 se hace la Declaración Universal de los
Derechos Animales, la cual estuvo vigente hasta octubre de 1978 (Al final se
adjunta sitio web que facilita dicha declaración con sus artículos correspondientes),
aprobada por la UNESCO y más tarde por la ONU. Pero a pesar de este proceso
histórico de lucha por la defensa de los derechos animales, se ha creado varias
divisiones de pensamiento que consideren dichas declaraciones de derechos,
desde argumentos tales como “los animales no humanos no son iguales a nosotros”,
“no tienen razonamiento por tanto no pueden asumir las obligaciones que implica
tener derechos”, “son como niños pero sin esperanza inmediata de que logren
asumir sus obligaciones”, etc.
Lo anterior es un error grave y mal-informado, pues al
igual que el adulto-centrismo anula las capacidades y derechos de otros humanos,
ya que se sostiene que solamente el ser humano adulto puede dar las
“obligaciones” debido a desarrollo y madurez, situación cargada a su vez de patriarcalismo
(en ese adultocentrismo no suelen ser poderosas las mujeres), etarismo (ni los
niños y niñas), etnicismo (ni las culturas no europeas, no norteamericanas o no
centrales), racismo (generalmente caben solo los blancos o los blanqueados
ideológicamente)…
La lucha por los derechos de los animales no pretende
igualarnos a ellos, ni espera que compartamos las mismas capacidades, es
solamente ser capaces de reconocer la dignidad y la igualdad más allá de los animales
humanos, sabiendo que ello es posible por extensibilidad y reconocer con ello
que las otras especies son parte de nuestro entorno y que todos somos parte de
un gran equilibrio. Jurídicamente se prefiere llamar a los derechos animales
como “bienestar animal”, desde la lógica de lo anteriormente mencionado, sin
embargo lo que pretende el reconocimiento de los Derechos Animales, es que se
respeten como derecho humano, no del animal como tal, sino por extensibilidad
para que se especifiquen las acciones morales y legales necesarias para evitar
el mal trato animal en general. Ya desde “la Declaración Universal…” antes
citada se especifica en sus artículos lo que se “prohíbe” y como debe ser el
trato a los mismos, mencionando de la misma manera hasta el genocidio en caso
de matar a gran un número de la misma especie de cualquier animal.
Actualmente los animales silvestres de Costa Rica son
protegidos por diversas leyes que condena a las personas en caso de extraerlos
de su hábitat, maltrato o reproducción lucrativa de los mismos, más se debe
tener en cuenta que hay mucho por resolver al respecto, ya que la destrucción
de los ecosistemas es un mal trato que ellos también viven diariamente,
amenazando la biodiversidad y creciendo la extinción definitiva de muchas aves
y animales marinos, al igual que los terrestres. Por tanto, el modelo de
desarrollo del sistema capitalista día a día pone en juego sus vidas y la
perpetuación de muchas especies, al explotar y contaminar el recurso hídrico,
así como el aire y la desertificación de las tierras por medio de monocultivos
que se extienden con agresividad.
Los animales domésticos también son protegidos por medio
de dicha Declaración, pero aún hay mucho por resolver respecto a las sanciones
por las acciones violentas o malos tratos a estos animales, estando muchos en
abandono y en las calles, exponiéndose a condiciones indignas de vida.
Pero la peor parte, y lo que más causa indignación es el
trato establecido para los animales de corral o de consumo masivo para humanos,
muchos paíese han echado marcha atrás para no firmar convenios relacionados con
la protección animal, al menos que se saque de ellos a los animales de granja,
los más desprotegidos pues no se les suele reconocer como animales entre los
mismos protectores y defensores de la vida animal, ya que ocupan un gran sitio
en la mayoría de las dietas alimenticias de los seres humanos, así como parte
de su vestimenta y medicamentos. Son aun vistos, en pleno siglo XXl como meros
objetos que satisfacen la alimentación de las personas (las mismas que cuidan y
velan por la seguridad e integridad de gatos, perros y animales silvestres).
El negocio de “la carne” y el farmacéutico son muy lucrativos
a nivel mundial tanto casi como el de las armas y el petróleo, de allí que
desprenderlos de esos intereses sea muy difícil. Por eso esta lucha social no
ha sido ni será fácil para aquellos que si reconozcan a las vacas, cerdos,
gallinas, toros, ovejas, etc. Como seres con un lugar en la naturaleza que no
deben ser reducidos a la función egoísta del ser humano. Como animales que sufren y sienten, y que, al
igual que los demás, tienen derecho a vivir, a cumplir su ciclo de vida y a
tener una vida digna y libre.
Declaracion (http://www.filosofia.org/cod/c1977ani.htm
)
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